miércoles, 16 de octubre de 2013

Diario de una suicida..

en 14:22

Despiertas y eres consciente de que la lucha que sostiene tu lógica contra tu pensamiento, no puede ser una consecuencia normal del estrés..

La posibilidad de que un mala experiencia tenga tanta fuerza sobre ti, es ridícula, ¿entonces, por qué no puedes parar el llanto?

No sabes con quién disculparte por tu mediocridad, tampoco entiendes por qué no puedes simplemente relajarte y “hacer un mayor esfuerzo”.


No quieres escribir, te dan asco tus propias ideas.. Tu mano ya sólo siente una pluma en serie que transcribe tu mente acartonada. Todo es demasiado rígido. No hay humanidad, error ni improvisación..

Tu expresión se caduco.. No hay escape.. La frustración comienza a apilarse en tu garganta impidiéndote continuar..





Las cosas que encuentras en tu habitación no muestran ningún consuelo: son cómplices de tu tortura. Sin aviso, tu cuerpo escurre toda su fuerza por tus mejillas.. La humedad te obliga a caminar con la cabeza agachada..
Recuerdas que necesitas comer.. 

Te escondes.. Qué fea te ves con los ojos hinchados: qué transparente.. Sólo anhelas una forma de contenerte, pero todo es en vano. No puedes parar..
Vuelves a llorar, el llanto es imposible de combatir. El teléfono está a tu lado y tratas de que alguien te rescate, soltando algún aliento de auxilio, insinuando qué piensas.. Pones a hervir agua en la olla que siempre usas. Parece completamente ajena; no sientes el placer de la espera. No sientes el placer..

Un monstruo grita dentro de ti. Necesitas asfixiarlo. No es tu imaginación, ahí está, lo puedes ver en la ventana que la noche volvió espejo. Quieres callarlo y no sabes como hacerlo.. Lo único que quieres es que desaparezca para poder descansar; romperlo violentamente.. Te tiemblan las manos.

El monstruo tiene tu forma, tu cara, tu estatura, tu color, pero no tu expresión: ves dos personas en la misma silueta, una grita desquiciada; la otra toma su té. Sabes que la imagen de ti gritando enérgicamente, mientras observas tu reflejo sereno, no es nueva. Como si el demonio hubiese dormido dentro de ti desde mucho antes. Ahora es tan tangible que te aterroriza. Decides seguir tomando tu té y sentarte en el suelo de la cocina, llorando.. Anhelas descansar y dormir; no estás segura de si vas a querer despertar en algún momento..

Te mantienes despierta.

Cualquier defensa filosófica del suicidio es una carta de renuncia.
Defenderlo significa rendir la lógica a los pies de Los Pensamientos.

Siempre te ha interesado el tema del suicidio; te convencías de que en el fondo, tu interés era puramente intelectual, así como aquellos que defienden el suicidio como un acto de valentía y de liberación total.

Ahora lo dudas, porque cuando leías los argumentos no entendías realmente la fuerza que requiere mantenerte peleando y las ganas que dan de justificar tu derrota. Estás cansada de luchar. No te quieres destruir, pero la batalla es agotadora. Tu mente está exhausta y sólo quieres desaparecer.



Qué difícil es parar de temblar.

Qué difícil es parar de pensar..





La ayuda que sabes que tienes que pedir te parece humillante. Las cosas pasan y tú siempre “las sacas al final”. Ya no quieres “sacarlas”.

Llevas días sin sentir placer o gusto. Lo que ves no te emociona, la comida no tiene gusto, el té es solo un alivio más.

Tu visión dejó de ser periférica. Comienzas a pensar en terminar con todo e inmediatamente te vienen a la cabeza todas las series de crímenes que has visto en la televisión y cómo los suicidas siempre dejan una nota. Si no dejan una, generalmente es prueba de que fue homicidio.



Entonces, empiezas a pensar en la famosa nota de suicidio. Lo único que quieres decir es “Estoy cansada”. Y punto. Tanto amas el lenguaje, tanto hablas de la belleza de las palabras y la única estupidez que quieres decir es “Estoy cansada”.


Hasta para tu nota de suicidio te faltan las ganas..


* Dyablorosa *

2 comentarios:

Anónimo dijo...

al que sabe humillarse la vida le exaltar de otra manera un saludo.

monica henrriquez dijo...

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